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¿Por qué el ácido fólico es importante y cómo incluirlo en tu alimentación?

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Es probable que últimamente no hayas dejado oír hablar del folato o ácido fólico y te preguntes para qué sirve y por qué últimamente está en boca de todos. Y es que, aunque hace unos años solía asociarse comúnmente al embarazo, forma parte de esos micronutrientes que trabajan en silencio, pero que resultan fundamentales para el bienestar diario.

Entender la relación entre ácido fólico y alimentación te ayuda a tomar mejores decisiones desde la mesa, sin complicarte ni caer en excesos. Porque, como ocurre con muchos nutrientes, la clave no está en obsesionarse, sino en saber dónde encontrarlo y cómo integrarlo con naturalidad en tu día a día. En este artículo te damos todas las claves, ¡sigue leyendo!

Qué es el ácido fólico y para qué sirve

 

El ácido fólico es la forma sintética de la vitamina B9, una vitamina del grupo B que participa en procesos tan importantes como:

  • La formación de glóbulos rojos.
  • La síntesis del ADN.
  • El crecimiento y la regeneración celular.
  • El buen funcionamiento del sistema nervioso.

Por eso, mantener unos niveles adecuados de ácido fólico es importante en todas las etapas de la vida, no solo durante el embarazo.

Cuando la alimentación es variada y equilibrada, suele ser suficiente para cubrir las necesidades diarias. De ahí la importancia de mirar el plato con un poco más de intención.

Ácido fólico y alimentación: una relación que se construye a diario

 

El cuerpo no produce ácido fólico por sí solo, así que necesitamos obtenerlo a través de la alimentación. Y aquí viene la buena noticia: no es difícil encontrarlo en alimentos cotidianos.

Las dietas basadas en frutas, verduras, legumbres y alimentos frescos suelen aportar cantidades interesantes de esta vitamina. No hace falta recurrir a soluciones complejas ni a suplementos sin indicación profesional.

Si te interesa este enfoque más consciente de los micronutrientes, puedes profundizar en artículos como artículos como Descubre el poder de los flavonoides: pequeños compuestos con grandes beneficios o Carotenoides, los pigmentos naturales que cuidan de ti, donde se explica cómo estos nutrientes influyen en el bienestar sin que siempre se note de forma inmediata.

 

Alimentos ricos en ácido fólico que puedes incluir fácilmente

 

Verduras de hoja verde

 


Espinacas, acelgas, lechuga o rúcula son algunas de las fuentes más conocidas de ácido fólico. Consumirlas crudas o con cocciones suaves ayuda a conservar mejor su contenido en vitaminas.

Incorporarlas en ensaladas, salteados o como guarnición es una forma sencilla de sumarlas a tus comidas.

 

Legumbres

 

Lentejas, garbanzos, alubias y guisantes aportan ácido fólico, fibra y proteína vegetal. Además, son saciantes y muy versátiles.

Incluir legumbres varias veces por semana no solo ayuda a cubrir micronutrientes, también favorece una alimentación más equilibrada y completa.

 

Frutas frescas

 

Algunas frutas destacan por su contenido en ácido fólico, y aquí el kiwi tiene un papel interesante. Además de vitamina C y fibra, el kiwi aporta ácido fólico de forma natural, lo que lo convierte en un aliado fácil de integrar en desayunos, meriendas o postres ligeros.

Tomarlo a diario es una forma sencilla de cuidar la relación entre ácido fólico y alimentación sin hacer cambios drásticos.

Otras frutas que también aportan esta vitamina son la naranja, el aguacate o las fresas.

 

Frutos secos y semillas

 

 

Almendras, nueces y semillas como las de girasol o calabaza aportan pequeñas cantidades de ácido fólico, además de grasas saludables.

Un puñado al día es suficiente para sumar nutrientes sin cargar la dieta.

 

Momentos en los que prestar especial atención al ácido fólico

 

 

Hay momentos vitales en los que conviene ser más consciente de introducir ácido fólico en la alimentación:

  • Durante el embarazo y su planificación.
  • En etapas de crecimiento.
  • En dietas muy restrictivas o poco variadas.

En estos casos, es importante consultar con un profesional sanitario para valorar si la alimentación cubre las necesidades o si es necesario un aporte extra.

 

Pequeños gestos que suman más de lo que parece

 

Cuidar la ingesta de ácido fólico a través de la alimentación no requiere grandes esfuerzos. Basta con apostar por alimentos frescos, variar el menú y mantener una relación flexible con la comida.

Cuando entiendes qué nutrientes te acompañan en el día a día, comer deja de ser solo una rutina y se convierte en una herramienta para cuidarte mejor. Y eso, sostenido en el tiempo, marca la diferencia.

Porque el bienestar no siempre se nota de inmediato, pero se construye cada día, bocado a bocado.